Quiero escribir.
Quiero escribir en todos lados.
En la pared
en una equina
en la mesa
en un baño público
que se encuentra en desuso de un bar.
Quiero ver escrito todo
pero ya no en los libros
para que no queden encerradas
quiero ver las letras en el piso
en la cama
en el árbol, en las hojas.
Quiero jugar a ser un niño
escribir con crayón
y fibra
y corromper los espacios blancos
para llenarlos de letras inconclusas
palabras sin significados
y mi nombre en capicúa.
Pero a la vez, no quiero olvidarme
de escribir como un sabio anciano
quien escribe con letras dudosas
y frases filosóficas,
Quiero escribir sabiendo
que esas pocas palabras
significan todo lo que siento.
Quiero escribir con lápiz
con birome
y tal vez también
con pluma.
Quiero entintar el cielo,
la almohada y la espada.
Quiero escribir en mayúscula,
en cursiva e imprenta;
con máquina de escribir
con un teclado
o con pantalla táctil,
Pero quiero escribir
en pizarrón y con tiza húmeda
mancharme las manos y que al tiempo
las palabras resuenen
brillantes.
Quiero escribir
y ensuciarme las manos.
Quiero escribir
con todo
y en todos lados.
Quiero escribir
porque escribiendo se piensa
se dice y se siente.
Quiero escribir
porque escribiendo
se lucha.
sábado, 8 de abril de 2017
sábado, 25 de marzo de 2017
Crónica de un 24
Empezar
una mañana diferente y similar a otras. Una luz clara se distribuye en las
calles, las sombras se escogen y desaparecen. Miro una pared blanca que anula
la vista a pocos metros, por momentos la confundo con una neblina, pero es el
llanto de unas gomas quemadas al grito del amanecer. Abro la puerta y vuelvo a
entrar, un pañuelo en la cara nunca puede faltar. Salgo con paso firme
recordando que un año atrás se izaba la bandera equivocada, azul y roja, llevaba
impresa unas estrellas que producían la única sombra y la última noche.
Fuegos
artificiales iluminaban el día marcando el camino, con mochila al hombro me
digné a comenzar, en ambas manos sostenía una bandera enrollada. A unas pocas
cuadras la masividad acechaba. Allí fui uno más. La unidad se resuelve como el
uno a uno. Con careta o sin careta los rostros de todos modos no se distinguen,
no hace la diferencia quien es primero. Como embudo parecía que el matadero sería
generoso, no había dudas que habría lugar para todos. Con ojos vendados tampoco
nos hubiéramos resistido, porque siempre se camina hacia adelante.
Una
tormenta se avecina, es la sonrisa masiva. La lluvia de lágrimas y suspiros
perdidos. Es una contradicción de energías, un “seguiremos” y un “nunca más”.
Repetiremos para no repetirlo. Es un silencio a gritos. Cambian los pasos para
que las calles se muevan, para que la memoria recuerde, para que la verdad
exija y para que la justicia exista.
Me
despierto. Me golpean el hombro e izamos la bandera. Las ideas no se matan,
recordaba a mi abuelo repetirme cada año. Incluso sabiendo lo que sucedería,
sigo pensando en que camino con la corriente. Sesenta mil ojos cerrados son lo
que te definen. Si no difumina el problema quitar o agregarle números, es lo
que distingue la era.
Sonreírle
a la memoria, tocar el tambor y bailar con alegría no significa, ni cercano,
haberlo superado. A veces las lágrimas no alcanzan, y la felicidad es su
superadora combativa. Y entonces aparecieron, me pregunto si suficiente, dando
vueltas a la plaza, caminando de la mano y cubriéndose el pelo con un pañuelo;
tal vez tampoco alcance. Será tal vez, nunca suficiente, pero sí
re-evolucionario que el día que se vacíen las casas y se llenen las calles se
pueda dar fin en un canto unísono que; siguen y seguirán ¡Presentes! ¡Ahora y
siempre!
Yo
sigo pensando: Hoy, el día más patriótico.
lunes, 9 de enero de 2017
La Capucha y Yo
Un
día nublado y una caminata fría. La capucha, yo y el viento. Zapatillas que por
fin no mojan mis pies, pero una humedad que acerca el frío a mi piel. La
transpiración que produce el aliento de un mal momento. Las palabras que digo
son mejor que lo que siento, y aún mejor que lo que puedo mostrar.
¿Cómo
hago para hacer como si nada pasa? ¿Cómo hago para confiar en una Argentina que
no le queda nada? Con un Presidente en la cabeza que no hace más que producir individuos
desiguales y egoístas. “Una máquina de pobres” dice mi vieja que se llamaba el
programa de TV que ayer pasaban. Se desvanecen los sueños y los deseos. ¿Cómo
hago para creer que puedo? ¿Cómo seguir?. Me sentiría mal si soy una exiliada
por motus propio, pero… ¿Tiene sentido quedarse en un lugar que te destierra? ¿Qué
te pincha el globo y que tiene de muñeco un presidente que siquiera él tiene el
mando? ¿Qué tan solo es la cara visible de un capitalismo que no deja de
distanciar las ya diferencias sociales?
¿Qué
mejor manera de representar la censura que tener un edificio cultural
encerrado? Qué me queda a mí entonces que luchar, que irme, que caminar bajo la
lluvia como si nada pasara. El frio invernal que se acerca y los aumentos de
gas; y mi sudor interno que hierve y que invita a que me devore todo; todo lo
que está mal, la injusticia y, la Impunidad de saber que se me va de las manos,
que me sobrepasa por millares y que derrocando a uno solo, solo encontraré algo
peor.
Por
mucho que quiera a la Argentina no puedo pelear en una lucha que se dieron por
vencidos; el problema de la democracia diría, es que es decisión de todos (o
casi todos). Por no estar de acuerdo no puedo soportar sus consecuencias.
Camino saltando charcos. Aguantando la furia que se convierte en una tristeza
desgarradora, por saber, que todo esto surge del mismo lugar. Camino y
encuentro un “Nunca más” que se desvanece por la lluvia, por los pisotones y
por los olvidos. Por no recordar de dónde venimos, es que ahora, no sabemos a
dónde vamos y que no podemos reconocer que esto es un completo y cíclico Dejá vu.
¿Cómo
hago entonces, para decirle a mis viejos, que no encuentro laburo? Que no
encuentro laburo porque no me animo a mandar un Curriculum (CV) a un Centro
cultural, como el CCK (Centro Cultural Kirchner) o tantos otros, porque están
pidiendo puestos que hace menos de dos meses fueron abandonados por otros
profesionales. Cómo se hace para solicitar ese puesto en el que personas
mayores o no que yo, con mayor o menor conocimiento, dejaron porque fueron
expulsadas por ellos mismos, por una persecución ideológica. ¿Cómo hago para
hacer caso omiso a esto? Al fin y al cabo son, de alguna manera, compañeros… que
se encuentran a la par ¿Y cómo haría incluso para ir a trabajar en un puesto que
antes fue ocupado por otros, un puesto en el que sé que me estarían vigilando?
Donde se solicita en el anuncio buena presencia y sumisión ideológica. Porque
“divide y vencerás” dicen… Y si pensamos nos desemplean, y si hacemos huelga
tal vez nos persigan.
Pero
nada produce más dolor que:
1.
Banderas
de los Estados Unidos en la Casa Rosada un día tan sensible como el 24 de
Marzo. Día de la Memoria, Verdad y justicia, a la chota, Macri, justamente con
una Verdad inigualable pensó que sería bonito Recordar restablecer los lazos
con nuestros enemigos un día como este.
2.
Teatro
Argentino enjaulado y, adentro, una lucha silenciosa; Unas palabras que piden a
grito ser leídas: Inestabilidad laboral.
¿Cómo hago
entonces, les preguntaré a mis profesores, para usar el medio y predicar mejores
tiempos? ¿Cómo harían, les pregunto, para no ser tan posmodernos?
Y llego a la puerta de mi casa, sin mejores
noticias; y mi reflejo es solo lo que tengo. La lluvia corre. En lo único que
no dudo es en la capucha. Yo. Y el viento.
jueves, 5 de enero de 2017
El Artista (2012) Hazanavicius Michel
¿Cómo
pensar una película sin música? ¿La música implica también una construcción en
tanto banda sonora? ¿En qué momento el sonido se transforma en música? ¿Y
cuándo ésta deja de ser tal para convertirse en recurso dramático?
Retrocediendo
a los orígenes del cine y al cine mudo en específico, me encontré con una
película más bien moderna: El Artista.
Película que pretende reencarnar una época fundamental en la Historia del Cine,
pero culmina en una producción descontextualizada y desestimada de lo que en
realidad implicaba.
La
falta de sonido, por aquellas épocas, no era una cuestión estética sino más
bien una limitación técnica. La música en vivo, no era una simple y llana
“musicalización de la imagen”. Incluso los diálogos no dejaban de estar
presentes, lo hacían mediante carteles que aparecen entre plano y plano. En el
caso de El Artista, el director
decide realizar una representación del cine mudo, dando por resultado no una revalorización,
sino, por el contrario, una mera copia del modo. Es decir, copia los recursos y
las limitaciones que en su momento fueron técnicas, y ahora podrían ser
aprehendidas de modo que se resignifique lo no-sonoro y la musicalización como
mero acompañamiento.
Esto
último hace que la película sea leída como un film al cual la falta de una
construcción sonora produjo un agregado, un poco pastiche de una música, irónicamente, a una Película muda. En la actualidad y con la acontecida Historia del
Arte, es casi imposible no leer un sonido como parte de una construcción
estética y sonora.
De
la misma manera, da la espalda a lo propio, los interítulos se encuentran en
inglés siendo una coproducción belgico-francesa. No se hace un anclaje
contextual de lo que implica filmar en Francia (o Bélgica), o incluso de lo que
implicó para éste caso específico. Con esto me refiero a que nohay rasgos que
lo vinculen con una época o región en particular, pudiendo haberse rodado en
Estados Unidos o en el año 1950 que podría haberse realizado de la misma
manera. Habla de por sí de un desanclaje por parte del realizador, con su lugar
y con su industria; dando cuenta un poco de lo que eso representa de manera
global. Filmar hoy en un desentender contextual, donde la hegemonía de la
industria audiovisual comercial se apodera de los usos posibles del lenguaje,
desarticulando el mismo y perdiendo las herramientas y así el poder que en
realidad tiene como comunicador.
http://www.periodismosinafan.com/site/noticias-cine/637-el-artista-no-es-una-pelicula-muda-es-una-pelicula-sobre-el-cine-mudo-y-el-cine-sonoro.html#.WFfzaht97IU
miércoles, 4 de enero de 2017
Llorar para ver
¿Desde cuándo entrar al cine me da ganas de llorar? Tal vez suceda hace tiempo, y en realidad por esto mismo no lo sé, por mi ausencia de hace tiempo por allí.
Entrar por los largos pasillos que te redirigen a las salas entre alfombras bajo mis pies y lados. Y ver, carteles de entre tres metros más o menos, una cantidad de entre quince y veinte películas de las cuales ninguna pero ninguna sea argentina (si quiera latinoamericana), me hizo un nudo en la garganta y me puso vidrioso los ojos.
Sé lo que implica el circuito comercial y cómo funciona la industria cinematográfica, los grandes beneficios que le generan a las salas comerciales el colocar un film nacional u otro, siendo de origen estadounidense, británico o europeo los más. Pero no dar al menos un pequeño lugar a la industria local no hace más que aplacar la ya reducida producción. Incluso ahora se ofrecen promociones para todo el mes de enero los días martes y miércoles, ¿Por qué incentivar la masividad en películas que tienen ya cubierta, o lo hacen rápidamente, la cuota de pantalla? ¿No sería más beneficioso para todos que las producciones locales se encuentren a menor precio, acostumbrando el consumo de las mismas y, tal vez así también, aumentar su demanda? Logrando a su vez, un crecimiento en la industria, con mayor cantidad de producciones, una suba en la demanda laboral y una base mayor de la cual parte la cultura y el arte; con el tiempo la cantidad hace a la calidad.
El problema de todo recae en una situación: El circuito comercial está dado y no puede destruirse así como así, o por lo menos no de un día para el otro, entonces: ¿Qué hacemos con esto? ¿Se puede estar dentro? ¿Y en contra?.
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